SITUACIONES DE VIOLENCIA EN INSTITUCIONES EDUCATIVAS
Reflexiones de la Comisión de Psicología Escolar y Educacional Colegio de Psicólogas y Psicólogos PBA DX
En las últimas semanas hemos sido testigos/as de los hechos de violencia en escuelas secundarias, reconociendo que no solo nos preocupa el aumento de estas situaciones, sino también las respuestas sociales y mediáticas que generan.
Como profesionales psicólogos/as, consideramos necesario evitar discursos simplistas y respuestas inmediatas, especialmente aquellas propias de la lógica de las redes sociales, que con frecuencia reducen la complejidad del problema.
Entendemos que la escuela es una institución fundamental en la constitución subjetiva, en tanto actúa como un espacio de transición de lo privado a lo público y posibilita la humanización de la enseñanza y del lazo social.
En este sentido, invitamos a sostener una actitud prudente y a problematizar aquellos enunciados que, en contextos como estos, irrumpen demandando erradicar y prevenir la violencia en la escuela, pero que arrastran, muchas veces de manera implícita, sentidos dicotómicos de “todo o nada”, que resultan inconducentes y tienden a reforzar la frustración y la desesperanza. También, y junto a ello, ser cautos/as en recorrer miradas simplistas y reduccionistas, incluso desde nuestra formación disciplinaria y profesional, atentos/as a la complejidad de estos problemas y emergentes.
Por un lado, entendemos que es posible pensar conjuntamente estrategias que permitan anticipar, disminuir y abordar de manera situada las situaciones de violencia que involucran a niños/as y adolescentes. Por otra parte, sostenemos que la escuela continúa siendo un espacio fundamental de contención, funcionando muchas veces como un ámbito que amortigua los efectos de violencias más amplias presentes en la sociedad.
Asimismo, consideramos que, ante hechos de violencia, el sufrimiento es colectivo y atraviesa a múltiples actores y actrices, no solo a quienes son directamente agredidos/as. Por ello, advertimos sobre el riesgo de reducir estas situaciones a la dicotomía víctima/agresor y planteamos la necesidad —y la responsabilidad— que tenemos como sociedad y como adultos/as de acompañar a todos/as los/as adolescentes, incluso a quienes ejercen violencia, desde una perspectiva de cuidado, responsabilidad y legalidad, evitando respuestas punitivas y expulsivas.
En este marco, resulta necesario problematizar el rol de los medios de comunicación, señalando que con frecuencia priorizan el impacto y el rating por sobre la responsabilidad en el tratamiento de estos hechos, y sostener una posición crítica frente a ello.
Por otra parte, es fundamental visibilizar el fuerte impacto que estas situaciones provocan en docentes, equipos de orientación, directivos/as y equipos institucionales en general, quienes además enfrentan procesos de desvalorización social y, con frecuencia, se sienten solos/as y poco acompañados/as. La vivencia de desamparo y desesperanza se vuelve entonces abrumadora, en un contexto donde cobran mayor notoriedad discursos que, lejos de reclamar por mejores salarios y condiciones laborales acordes a la complejidad de la tarea docente, consolidan una representación de la escuela asociada al riesgo, la desidia y la responsabilización casi exclusiva de lxs docentes y los equipos institucionales por todo lo problemático que allí sucede.
Por último, consideramos que no debemos desatender la convalidación —por acción u omisión— de la creciente violencia social en los discursos de quienes ocupan lugares de conducción en la función pública y política. En ellos se legitiman, de manera reiterada, formas de agresión hacia otros/as que, por su insistencia y por el lugar desde el que se enuncian, amplían el campo de lo posible y contribuyen a naturalizar dichas prácticas.
Como psicólogos/as escolares/educacionales —o que nos desempeñamos en el ámbito educativo— sostenemos que, si bien es necesario repensar la educación, sus formatos, sus sentidos, sus “para qué”, “por qué” y “cómo”, el punto de partida ineludible debe ser la defensa y el cuidado de la educación, desconfiando de enunciados que favorecen contraposiciones y antagonismos entre quienes conformamos la comunidad educativa.
Comisión de Psicología Escolar y Educacional Colegio Psi. Distrito X